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¿Por qué golpean los padres a sus hijos?

Algunas veces los padres sienten el impulso de golpear a sus hijos. En ocasiones estos sentimientos pueden cobrar mas fuerza, especialmente cuando el niño insiste en llorar, hacer un berrinche o los desafía. Otras veces no tiene tanto que ver con el comportamiento del niño, sino del agotamiento o nivel de estrés, ansiedad o desdicha que se esté soportando.
Muchos adultos consiguen resistirse al impulso de golpear a sus hijos, pero lamentablemente, muchos padres no pueden controlarse.

Los padres propensos al maltrato físico comparten ciertas características, primero adolecen de una falta casi total de control de sus impulsos y agreden a sus hijos porque necesitan descargar sus propios sentimientos fuertemente negativos. Son padres que al parecer, le dan poca o ninguna importancia a las consecuencias de lo que están haciendo a sus hijos. Es casi una reacción automática al estrés; el impulso y la acción son una misma cosa. Con frecuencia, estas personas provienen de familias donde la agresión, los golpes y el maltrato eran una forma común de tratar a los integrantes de la familia, principalmente a los niños. Su modelo de rol era un agresor, y la violencia fue el único recurso que aprendieron a usar para enfrentarse con problemas y sentimientos, especialmente con el enojo.

Muchos padres propensos a los malos tratos físicos, llegan a la edad adulta con graves deficiencias emocionales y con muchas necesidades de afecto insatisfechas. Es aquí donde los padres enseñan que la violencia es un estilo de vida, sin saber que los propios hijos serán los futuros agresores cuando sean adultos.
Las consecuencias que sufrirán los hijos sólo se podrán ir detectando poco a poco durante el crecimiento de los menores, presentando desde ligeros síntomas hasta cambios severos en su comportamiento, conducta y autoestima.

Los hijos de dichos padres estarán marcados con heridas y cicatrices que algunas veces quedarán como huellas físicas, pero la mayoría siempre serán emocionales.
En la edad adulta, muchas personas no comprenden por qué no pueden desempeñase con la seguridad y la fortaleza necesarias para resolver los problemas, sobre todo, no entienden que los hace sentirse llenos de furia, rabia y resentimiento con la vida y con sus propios padres.
Sanar las heridas, lograr que cicatricen y convertirlas en un arma poderosa para fortalecerse y seguir adelante, es la única solución para romper con este ciclo que se ha ido repitiendo por varias generaciones.
La prevención será siempre mejor que la reparación del daño provocado.
¿Qué estaría usted dispuesto a hacer por la salud emocional de sus hijos?